Llegó la hora,
se acabó el tiempo,
no hay plazos para el tirano,
pero todavía me queda una eternidad
para los desposeídos;
no hay mañana para el perezoso,
pero regalo futuros al que se esfuerza;
no hay excusa para el hipócrita,
pero acepto la súplica humilde
y el arrepentimiento del sincero.
No hay horizonte para los atrincherados
en sus propias mentiras;
pero abro nuevas sendas al que busca,
y descubro increíbles verdades
a los peregrinos de sueños.
Ha llegado la hora,
declaro mentira
las verdades a medias de los tibios
y sentencio a la oscuridad
al que se escuda en mi nombre
para engrandecer el suyo.
Ha llegado la hora;
el tiempo se ha cumplido;
ahora es tu voz la que convoco
a la verdad que te abra mis pasos
o a la mentira que te atenace para siempre.